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A veces un espacio vacío puede volverse un refugio. No se trata de lo que ocurre en él, sino de lo que provoca al estar frente a sus silencios. La luz que atraviesa las paredes parece detenerse un instante, como si quisiera quedarse a habitar el lugar. El suelo, con su ritmo marcado, acompaña ese recorrido pausado de la mirada que no busca prisa, sino resguardo. Afuera todo puede continuar, pero aquí adentro el tiempo se desarma y se vuelve lento, casi inmóvil. Hay algo en esa calma que no es ni del todo cálida ni del todo fría, más bien un intermedio que invita a contemplar sin esperar respuestas. Es un rincón que no exige, que no demanda nada, y en esa quietud uno descubre que también puede habitar lo incierto, abrazar lo gris, dejarse envolver por un silencio que no pesa, sino que acompaña.
Materialidad: Acrílico sobre lienzo.
Dimensiones: 104 cm x 100 cm.
Año: 2024.
